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Donde se toman las decisiones

Primero y antes de nada: seguimos recogiendo fotos, como esta de Milán-Malpensa, de aeropuertos del mundo donde haya salas para fumadores. Mandadnos más, por favor, a info@clubfumadores.org con el asunto “Aeropuertos del mundo”.

Segundo: John Dalli y el Dalligate.

Este señor con cara de enfadado es John Dalli, maltés, Comisario de Salud y Protección de los Ciudadanos y principal impulsor de la reforma de la Directiva 2001/37/CE de Productos de Tabaco (en adelante, TPD en sus siglas inglesas).

A estas horas, las informaciones son contradictorias y no sabemos si Dalli ha dimitido o no, pero sí sabemos que Jose Manuel Durao Barroso, el presidente de la Comisión, lo quiere hacer renunciar por el caso que ya se llama el “Dalligate”. De hecho, la UE ha emitido una nota oficial con su cese.

NOTA DE DIMISIÓN DE DALLI OFICIAL DE LA COMISIÓN EUROPEA

El “Dalligate” es un asunto mucho más grave de lo que parece, aunque en España parece que hay una falta de interés por una historia que afecta directamente al núcleo de la toma de decisiones de la UE, un espacio legislativo donde se dictan leyes que, después, son de obligado cumplimiento para todos. Los medios españoles, sin embargo, no se están haciendo en absoluto eco de lo sucedido. ¿Falta de interés? Pues os aseguro que nos interesa y mucho.

No es que nosotros vayamos a poner en duda nada, no aspiramos a tanto, pero os voy a contar grosso modo lo que ha pasado con John Dalli, para que después hagamos una reflexión seria y profunda sobre cómo y dónde se toman las decisiones que nos afectan.

Es un poco largo, pero espero que sea interesante:

Tras su aprobación en 2001, la TPD prohibió en toda la Unión algo que nosotros desconocemos pero que se llama “tabaco de uso oral”… Que vosotros pensaréis que, en definitiva, todo el tabaco (salvo el rapé) es de uso oral. Cierto, pero se empleó esta definición para intentar abarcar en ella toda labor de tabaco, inventada o por inventar, sin humo. El objetivo principal de esa prohibición, sin embargo, era un tipo de tabaco oral en concreto, uno que está más que inventado y que tiene ya su público fijo: el snus.

El snus es esto de la foto.

El snus no es fumar, que conste. Es tabaco para chupar. Su modo de empleo es sencillo: coges esa especie de bolsita de té, en cuyo interior hay tabaco aromatizado, y te lo colocas entre la encía y el labio. Chupas un rato corto, no más de cinco minutos si no quieres llegar a enterarte de lo desagradable que es una borrachera de nicotina, y lo desechas. Hay quien chupa una bolsa varias veces (la lata tiene un compartimento destinado a guardarlas)…

Me estoy enrollando, pero es importantísimo que se entienda bien el tema del snus, uno de mis caballos de batalla preferidos, porque es sintomático de lo que está pasando con el tabaco en verdad y de por qué las legislaciones antifumadores no tienen nada que ver con la defensa del derecho a la salud de los no fumadores.

El snus es un producto implantado desde hace muchos, muchos años en Suecia. De hecho, las cifras de fumadores en el país escandinavo dan tan bajas porque el producto que consumen ellos es el snus, más que el cigarrillo, lo que no se considera ser fumador.
Por eso, cuando llegó el momento de prohibirlo, la TPD en vigor tuvo que tragar con la excepción de Suecia: era un producto implantado y no se podía prohibir, pero sí se podía evitar que su consumo se extendiera por el resto de la Unión. Así, en los demás países se prohibió el consumo de snus.

¿Por qué?

Sois gente sagaz y no hace falta que responda yo a esta pregunta, pero la voy a formular de otra forma, al tiempo que os recuerdo la foto que publiqué el lunes del aeropuerto de Dublín: ¿En defensa del derecho de quién se prohíbe el uso de un tabaco sin humo?

Estamos hablando de tabaco, de uno que no produce humo en el ambiente y que entra en competencia directa con otros productos, como los chicles de nicotina, que ya no se venden como medicamentos para dejar de fumar, sino para superar la ansiedad de la falta de tabaco en aquellos espacios, cada vez más numerosos, en los que no se permite fumar. De hecho, la publicidad de parches y chicles de nicotina ya no ofrecer “dejar de fumar” sino “fast craving release” (libérate de la ansiedad rápidamente). ¿Entendéis ahora por qué tampoco valen las salas para fumadores? No se trata de defender el derecho del no fumador, sino de que el fumador que ya no tiene sitio donde fumar acabe tomando un chicle de nicotina y ya fumará cuando llegue a casa.

Llegamos a 2010 y el señor Dalli plantea la Consulta Pública, en la que todos vosotros participasteis, para reformar la TPD. Entre las cosas que se proponen, prohibir máquinas expendedoras, prohibir los ingredientes, prohibir los formatos más pequeños de cigarrillo, prohibir la exposición de producto en el punto de venta, prohibir los colores e insignias de marca en las cajetillas, prohibir, prohibir, prohibir… Apretar más las tuercas en cuestiones que, en principio, parecen que afectan más a los cultivadores, estanqueros y a las tabaqueras, pero no os creáis que esto no van con vosotros, los fumadores, porque sois vosotros el objetivo de la reforma: es vuestra libertad de decisión lo que buscan los legisladores.

Sin embargo, de forma totalmente inesperada, entre tanta prohibición, la consulta nos sorprende con una pregunta: ¿levantaría usted la prohibición al snus? ¡Van a levantar la prohibición al snus! Al menos, lo preguntaron, lo que fue, cuando menos, raro.

El Dalligate en sí

Ya llego al meollo. Disculpadme por el rollazo.

Así, a pesar del fracaso que fue para Dalli y su departamento la Consulta Pública, que rechazó amplia y mayoritariamente la reforma de la TPD, el rodillo legislativo ha seguido su proceso y la nueva directiva ya está en consultas, aunque aún no hay borrador (que sepamos), aún no sabemos el contenido de la nueva ley.

En 2012 sucede algo que explica, en parte, que la extraña pregunta sobre el snus en la consulta pública. Un empresario maltés, Silvio Zammit, se acerca por las oficinas de Swedish Match (hoy Scandinavian Tobacco Group) y les ofrece, a cambio de dinero, utilizar sus influencias para que la nueva TPD levante la prohibición al snus. Scandinavian Tobacco Group (STG) es el mayor fabricante mundial de snus.

Aquí hay que tener cuidado al explicar el asunto, porque algunos periódicos ya han procurado mezclarlo todo con la palabra tabaquera, para que la historia sea turbia pero salpique a todo el mundo y confundir a la opinión pública. STG no hace nada ilegal. Podría haber aprovechado la oportunidad comercial que se le presentaba para vender su producto en toda la Unión Europea, pero, muy al contrario, STG decide actuar con total honestidad y denuncia el hecho en la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) que, inmediatamente, abre una investigación.

El nombre de John Dalli no ha salido en la investigación, pero OLAF considera probado que el empresario maltés Zammit intentó usar su influencia (con Dalli) ofreciendo un cambio legislativo por dinero, es decir que cometió un delito de tráfico de influencias.

No está demostrado, ni se podrá demostrar, que Dalli se llevara parte de ese dinero, pero sí su entorno, por lo que todas las decisiones pasadas, presentes y futuras, incluida la reforma de la TPD, en las que ha participado John Dalli deben ser inmediatamente puestas en duda por culpa de ese entorno. ¿Cuántas veces habrá sucedido esto antes? No lo sabemos. Puede que ninguna. Puede que sistemáticamente.

En la Comisión Europea se toman muchas decisiones que nos afectan. Son decisiones que ya están delegadas por los países y que sólo pasan por los parlamentos nacionales como mero trámite antes de su incorporación a los ordenamientos jurídicos de cada estado miembro. Dalli debe dimitir, si no ha dimitido ya, porque la UE no se puede permitir, en los tiempos que corren, que los ciudadanos lleguemos a pensar que esas decisiones están a la venta.

Javier Blanco Urgoiti, portavoz de Fumadores por la Tolerancia

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