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¿Harás caso de toooodo lo que dicen?

Asisto, con media sonrisa, a la repetición de la historia. Me recuerda vivamente a la cita del reverendo Martin Niemöller, tantas veces erróneamente atribuida a Bertold Brecht: vinieron a por lo judíos, pero yo no era judío… Vinieron a por los comunistas… Etcétera. Es de sobra conocida. Al final, van a por él y ya no hay nadie para ayudarle. 

Niemöller dio con sus huesos en  los campos de concentración de Sachsenhausen y en Dachau desde 1938 hasta 1945.

Últimamente, no sé si os habréis dado cuenta, los fumadores podemos observar cómo otros colectivos humanos siguen nuestra estela paso a paso, reaccionando con la misma indiferencia bañada de un cierto sentido de la culpabilidad impuesto por la presión mediática y sanitaria, y cometiendo los mismos errores que, por desgracia, les van a abocar al mismo precipicio social en el que nosotros llevamos años: al rechazo, al malditismo.

Los gordos… Perdonad, pero la palabra obeso me parece demasiado gruesa… Los gordos, insisto, los antaño llamados gorditos felices, son los fumadores de un futuro no tan lejano. Tiempo al tiempo. Hace años que nosotros, Fumadores por la Tolerancia, lo estamos pronosticando y hoy todas las señales nos indican que, en cuestión de profecía, el calendario maya y Nostradamus son meros aficionados a nuestro lado.

Fue en 2005, en el transcurso de la primera campaña Prohibido Prohibir, que armamos para intentar impedir la prohibición total de fumar en los centros de trabajo, que intentamos reforzar el apoyo de los no fumadores (muchos más de lo que se piensa la gente ya están con nosotros) advirtiendo de que las prohibiciones pronto llegarían a otros: bebedores, gordos… “Hoy van contra los fumadores”, decíamos en uno de nuestros lemas, “Mañana irán a por ti”. Porque la ola de puritanismo sanitario no tiene que ver sólo con el tabaco, también con cualquier otro hábito declarado insalubre, con la imposición de unos estándares de vida exigentes detrás de los que hay un negocio floreciente.

Las sillas deciden

La Coca Cola, líder del mercado mundial de refrescos, ha lanzado dos campañas publicitarias en las que apela al individualismo, empuja a sus consumidores a pensar por ellos mismos, a no dejarse controlar, a ser libres… Nos suena, ¿no? A los refrescos azucarados, de momento, no les han prohibido la publicidad ni tampoco parece que, de momento, vayan a obligar a sus consumidores (entre los que no me encuentro) a bebérselos en la calle, bajo la lluvia, acurrucados en un portal.

Las campañas son la reacción de una enorme compañía multinacional que le está viendo las orejas al lobo. Los gordos son los fumadores del XXI, los refrescos azucarados, su tabaco.

Una de las dos campañas es significativa y los principios que muestran bien se pueden aplicar a vosotros, a los fumadores. Es el famoso anuncio de las sillas que con su tinte de alegoría surrealista, lanza un mensaje claro para quien lo quiera entenderlo. Este es el link de la versión extendida en Youtube. Vedlo, por favor.

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Un chico joven, y flaco, va a comprar una coca cola normal a una máquina de vending adornada con un brillante plafón rojo de la marca, muy llamativo y, desde luego, sin ninguna advertencia sanitaria… De momento. Aprieta el botón y el plano ofrece una vista de la boca de la máquina, en la que aparece la clásica botella de Coca Cola, con su preciosa etiqueta colorada intensa, que es su marca, esa identidad tan reconocible en el mundo entero… En la que pronto veremos la apocalíptica fotografía de un niño inmovilizado y medio ahogado por sus propios michelines. Justo en el momento en que va a coger la botella, siente una voz de hombre mayor que llama su atención, que es la de aquellos que están en los centros de decisión controlándolo todo, representados por las sillas. Es importante esta parte, la de los centros de decisión. Muy importante. Os hemos controlado durante años, dice la silla. “¿Y si nos levantamos?“, pregunta el chico, como quien dice ¿y si pensamos por nosotros mismos? “Si os levantáis, perdemos”, concluye la silla. Y, por supuesto, todo el mundo se levanta de su asiento, incluido el chaval, que pasa de lo que le acaban de decir, y vuelve con paso decidido a por su coca cola… Esa coca cola tan llena de azúcares.

Sábado 30 de marzo

Por no hacerlo mucho más largo, el anuncio es parte de la misma campaña, pero del refresco light. Sí, los fabricantes de bebidas azucaradas aún pueden usar los descriptores light, aunque sean engañosos para el consumidor. Pronto, tampoco podrán. Este es el enlace:

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Bajo el lema “¿Harás caso de toooodo lo que dicen?”), el spot muestra a un hombre agobiado por la presión que ejerce el continuo y machacón mensaje de la vida saludable: come verdura, mastica bien, duerme ocho horas, haz ejercicio, haz esto, no hagas esto otro, haz aquello y no olvides hacer aquello de más allá… El protagonista acaba saltando al vacío. ¿Vas a hacer caso a todo lo que te dicen o vas a pensar por ti mismo?

Las amenazas que, de unos años para acá, han comenzado a acosar a los fabricantes de refrescos y a sus consumidores no nos son desconocidas. Tienen su ubicua evidencia científica, que señala claramente que las bebidas azucaradas causan obesidad, diabetes, hipertensión, infartos e, incluso, cáncer. Tienen su estadística del terror: hoy, uno de cada tres niños y siete de cada diez adultos padecen sobrepeso. Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, también ha cogido la bandera de la antigordura, prohibiendo la venta de refrescos en envases gigantes.

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En México, un experto sanitario pide un impuesto especial como, al parecer, ya se ha hecho en Estados Unidos, Francia, Finlandia, Hungría, Argelia y otros… Es casi entrañable el párrafo en que dice: “No existe un consumo aceptable o recomendado de refrescos. Al igual que en el caso del tabaco, no existe un consumo mínimo recomendado o saludable de estas bebidas. Cualquier ingesta, no importa la proporción, es perjudicial para el ser humano”.

Leedlo entero, si tenéis ganas:

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Los médicos americanos piden a la FDA (Food & Drugs Administration) que reduzca los niveles de cafeína de las bebidas energéticas por el serio daño que pueden producir a la salud:

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Y así, yendo de noticia en noticia, de anuncio en anuncio, podemos darnos cuenta de cómo se construyó, en su día, el argumentario antifumador que ahora se usará, calcado, contra la “malvada” industria de los refrescos. Lo único que les falta es encontrar de qué manera el gordo perjudica a los de su alrededor. Ya darán con ello. No lo dudéis.

Mientras tanto, como para dar la razón a la ex ministra de Sanidad, Elena Salgado, que intentó meter mano al alcohol y se la tuvo que envainar, ya se está buscando la figura del “bebedor pasivo”… No es broma.

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Víctimas de accidentes de tráfico o de maltrato de género están entre esos “bebedores pasivos”, pero no sólo ellos: hordas de puristas andan midiendo los niveles de alcohol etílico evaporado en el ambiente de los bares, en Estados Unidos, para demostrar que cuando una persona entra en un bar donde se bebe, sin quererlo, se verá expuesto a niveles tóxicos de alcohol.
Y es que, a quién se le ocurre beber en los bares… Qué idea más absurda.

Javier Blanco Urgoiti, portavoz de Fumadores por la Tolerancia

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